Muro de los poemas
A veces, en una catástrofe, no es posible el contacto...

Cuando el paradero es desconocido... el único modo de hallar lo perdido es dejando notas en una pared...

Así nos perdemos de nosotros mismos y, entonces, frente a las ausencias, nuestra soledad cuelga versos en el muro de nuestra alma.

... Esperando que alguien nos rescate...
.

A

Dos almas o ninguna.

lma. Como los átomos entrelazados, compartimos nuestro estado. Te ocurre a tí, me ocurre a mí. Sientes. Siento. Lloras. Lloro. Sufro. Sufres. Veo.Ves.La distancia se evapora. Uno es dos o no es. Dos, dos, tú y yo, almas cuánticas.


S

Sueña conmigo.

ueño que soñaré lo que tú sueñas, que se entrelazarán los anhelos, las cuitas, los dolores y los contentos.

Sueño que cuando no sueño contigo, estoy despierto, solo, perdido ante un mundo que no comprendo


D

Lee los mensajes que te dejo

ejo mensajes en el aire, en mis gestos, en mis miradas. En mis textos que no dicen lo que debieran, en lo que no te digo, en lo que callo, en lo que no me atrevo a preguntar, a pensar siquiera.


L

Escucha mi llamada sin voz

lamo, te llamo, llamo a la vida que espero, llamo con mensajes que no escuchas, que no pronuncio, que no oso expresar, que ni sabes que existen. Pero están ahí, colgados en mi alma, para que los mires, para que los atiendas, para que los leas.


M

Tú, destino de mis mensajes

ensajes que ondean con el pulso de tu ser, como si crearas un campo de fuerza, invisible pero fuerte y permanente. Mi ser colapsa de tu presencia, soy únicamente un fermión, un bosón, un leptón, ¡qué se yo qué soy!, minúsculo seguro, una partícula que se condensa por tí, que desaparece en la nada cuando no me escuchas.


L

Léeme, lee mis mensajes.

ee lo que garabateo en las hojas de mis gestos, con el lápiz de mis dudas, de mis ansias por ti. Léeme dentro, despacio, conóceme que me muero porque lo hagas.


Q

Como eres te espero

uiero que seas, exactamente, precisamente, como eres. Que nunca pueda abrazar tu vuelo del todo, que me sorprendas, que te me escapes de entre las manos, de entre la rutina, para que pueda disfrutar del azul reencuentro cuando te espero en el aeropuerto y regresas con la voz ronca por haber cantado y vivido sola.


D

Déjate descubrir pero no del todo

éjame mensajes como yo te los dejo. Para encontrarlos en tus ausencia, en la noche, en la necesidad de tí. Para descrifrarlos, para leerlos, para ir modelando lo que eres poco a poco, voz a voz, palabra a palabra, descubrimiento a descubrimiento. Déjame disfrutar buscándote.


D

Sé tú, no seas como yo quiero que seas.

esobedéceme cuando pugno por modelarte, por confinarte, por hacer que orbites a mi alrededor. No te dejes, no dejes que lo haga, porque es como eres, libre, fuerte, tierna y alegre, aventurera y enigmática, como te ansío. No cedas nunca. Sé tú, así te amo, no como a veces quisiera hacerte.


B

Vivo porque te busco sin encontrarte totalmente

usco tu ser como los hombres de ciencia buscan tras la materia, y encuentran átomos, y tras estos, protones o neutrones, y tras estos quarks, y tras estos campos y tras estos, quién sabe qué. Seguir buscando, ese el fin, el placer. Seguir buscándote, descrifrar tus mensajes, sentirme solo para luego excitarme con los hallazgos de tí, de tu sonrisa, de tu sexo, de tu forma de ser. No quiero que acabe jamás la búsqueda de ti.


Créditos
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Créditos

Félix Remírez
Año 2013

Website: Biblumliteraria

Biblumliteraria es un blog sobre literatura digital y electrónica, con secciones adicionales de relatos breves y crítica de libros.

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chispa

Las ausencias son sólo aparentes

(pulse para ver el vídeo. Espere a que cargue)

Las ausencias son sólo aparentes, únicamente faltan los cuerpos. Permanece lo que nos modeló, lo que compartimos, lo que aprendimos.

Mientras dure el dolor, no hay ausencia.

Poema Tres frondoso hiedra

Olas de alma

El mundo, el cosmos, surgen de un vacío que vibra.

La nada está viva y crea átomos y fotones, estrellas y vidas, tan sólo a partir del trémolo inquieto de la nada, de la ausencia, insignificante en apariencia pero de divina fortaleza en su ser.

Tu recuerdo se acerca y vibra, invisible, tenue, suficiente para que tus ondas me creen, haciendo que viva y engendren lo que siento.

Tu recuerdo...

Poema Dos Silla vacía hiedra

La silla vacía

El mundo parece tan estable,
las noches suceden a los días
y estos a las noches,
sin alterarse nunca.

Nos miente, nos hace creer que siempre va a ser así, inmutable. Y, de pronto, te encuentras cara a cara con la ausencia que abrasa y duele,que atormenta.

Da ya igual que el mundo gire, que la vida continúe, que las mareas vayan y vengan.

No estás, súbitamente no estás.

Si tan solo me hubiera dormido esa mañana
o el teléfono hubiese sonado con algo urgente,

...tu silla vacía me hubiese prevenido.

  • Facing my wine, I did not see the dusk,
    Falling blossoms have filled the folds of my clothes.
    Drunk, I rise and approach the moon in the stream,
    Birds are far off, people too are few.
Poema Doce Alguien ha visto hiedra

Alguien ha visto

la ilusión de sus ojos,
su dar vueltas en la habitación mientras me hablaba,
su forma de usar el móvil,
su cansancio tras una jornada larga en la oficina,
la coleta de su pelo,
la fotografía aquella en que salimos tan buena pareja, en el parque con la fontana...

¿Alguien ha visto cualquiera de estas cosas?

Por favor, contacten urgentemente.
Se gratificará.

Poema Catorce Saor a mi hiedra

Sabor a mí

La orquestina era cubana. Cantaba un tipo grandote, negro, casi calvo, camisa de colores chillones y pantalón de lino, voz profunda y melancólica, nacido en la calle Trocadero de La Habana según nos comunicó en el entreacto. Le acompañaba un saxo aterciopelado y un bajo que acariciaba el alma. En uno de los intermedios dijo que había sido marinero y que por eso cantaba sólo boleros, porque en el mar es el bolero el que acuna las nostalgias y las penas. Dijo que cuando uno los escucha todos los recuerdos reviven de seguro. Yo bailé contigo el último que cantó aquel día, muy tarde, cuando ya los empleados del restaurante comenzaban a apagar los candiles que colgaban entre los árboles del jardín e, incluso, un ligero rubor anaranjado se apreciaba ya por el este. Podíamos haber acabado en la playa, o en la hamaca que colgaba entre las palmeras, o en la habitación tuya (planta cuarta, cama grande y baño remodelado) o la mía (primera planta, ruidosa, camastro pequeño y ducha algo destartalada) pero nos despedimos con el bolero del cubano. Recuerdo vagamente que me miraste con tus profundos ojos avellana, que sentí por un instante que tu perfume cristalizaba en mis entrañas. Fue un instante, una ilusión idiota, porque tu sólo querías bailar y yo estaba contigo porque era el único que quedaba medio sobrio para hacerlo.
¿Dónde estará el cantante aquel? Me gustaría tanto que cantara Sabor a mí para recuperar lo perdido e intentar, esta vez sí, llevarte a la arena.

Poema Cuatro frondoso hiedra

Rómpeme el alma

Lee esto si alguna vez te sientes encerrada en mí.

Si eso ocurre, es que te tengo, sí. Habrás cedido, en algún punto de nuestro viaje juntos, y estarás haciendo lo que me gusta, la vida que he diseñado para ambos, adaptándote al orden de las cosas, a las instituciones, a la vida que debe ser, al qué dirán, a mí.

Por favor, que sepas que añoro lo que eras, tu libertad, tu ser único, la incertidumbre de no tenerte nunca del todo, el miedo a perderte, el saberme desvalido ante tu hechizo.

Huye de mí, entonces. Huye lejos, rómpeme el alma para que pueda reecontrarte justo como de verdad eres y como me gustas.

  • la culpa es de uno cuando no enamora y no de los pretextos ni del tiempo
Poema Ocho frondoso hiedra

Se me han escapado los recuerdos

Se me han escapado muchos de los recuerdos con los que me protegía.

Tu perfume, el pequeño trémolo de tus labios al besarme, los sonidos de aquella pizzería que tanto visitábamos, allí donde nos reservaban casi siempre la mesita en el mirador, se han marchado sin aviso.

No recuerdo el número de tu móvil y eso que te llamaba decenas de veces cada día, ni lo que almorzamos el día de tu cumpleaños, ni el color del papel con que envolviste los poemas de Martí i Pol por nuestro aniversario. Se me han escapado las memorias, al menos las que me importaban. Parecía imposible que lo hicieran pero por más que las busco no las hallo.

Agradeceré a cualquier que atisbe a ver pasar el pliegue de tu falda o la dulzura de tu voz que me avise con todo apremio.

  • Nosaltres, ben mirat, no som més que paraules,
    si voleu, ordenades amb aliva arquitectura
    contra el vent i la llum,
    contra els cataclismes
Poema Once frondoso hiedra

Las sillas de skay

Mercedes no era un bellezón ni era la más popular de la facultad, alguno diría que era del montón, pero yo sentía las más gigantescas mareas y los impulsos más bravíos cuando estaba con ella. Éramos amigos, buenos amigos, que es lo peor que puede pasarle a alguien a la edad que yo tenía entonces. Amaba su rostro, su hablar, sus piernas y sobre todo sus pechos que para mí eran un tesoro que, siempre cubiertos, me hacían pasar las noches en vela de tanto imaginarlos y soñarlos. Casi no la recuerdo. No la reconocería hoy si me la encontrara de bruces. Estaba hermosa cuando encendimos los mecheros, a modo de candelas, mientras Eric Clapton cantaba Tears in Heaven en el único concierto que dio en la ciudad; me hubiera claveteado a la silla de skay de aquel bar cuando compartimos un gin-tonic. Me gustaría encontrar aquellas sillas, donde estuvimos seis o siete horas charlando- lo que da de sí la ginebra-, justo antes de que yo regresara a casa eufórico de deseo y amor y ella encontrara al tipo con el que se casó.

Poema Seis frondoso hiedra

El tren de cartón

Era invierno. Apenas lo recuerdo porque yo tendría seis o siete años pero seguro que hacía frío fuera ya que los cristales estaban empañados y mi madre había dicho que nevaba.

La cocina, ese lugar donde compartíamos el almuerzo, el juego, el escuchar la radio (aún no había televisión), las broncas y las risas, el olor a cocido y el humo del Ducados de mi padre, estaba caliente. Quizá había lentejas en el puchero o carne estofada en la cazuela. Quién sabe qué comimos aquel día, mi memoria no da para tanto. Pero sí recuerdo, con viveza, el largo tren que mi hermano más pequeño y yo estábamos haciendo en el suelo de la cocina con unas cajas de cartón que mi padre había traído algún día del trabajo. Cajas pequeñas de quincallería, de varias texturas y colores. Era un tren enorme que llegaba desde la ventana a la pared de enfrente, que zigzagueaba y cuyos vagones descarrilaban cuando nuestros piececitos no saltaban con suficiente agilidad por encima de las imaginarias vías. He buscado las cajas, el tren, el aroma a caldereta, el vaho de las ventanas pero no los encuentro y sufro de añoranza.

Poema Diez frondoso hiedra

Muda añoranza

Lo peor de la añoranza es que es muda.

Te indignas, le gritas, le ruegas que responda, que traiga noticias de ti, que emita una señal en el vuelo extraño de un vencejo o la caprichosa forma de una nube.

La esperanza es todavía más silenciosa y lejana que la añoranza Se entienden bien.

Callan ambas.

Y se alían con la brisa de la tarde para arrancar este mensaje del muro y hacerlo volar a donde nadie pueda encontrarlo.

  • O my God, I cry out by day, but you do not answer, by night, and am not silent.
Poema Nueve frondoso hiedra
Poema Trece frondoso hiedra

Videntes

En las noches de insomnio me siento delante del televisor, ese somnífero infalible. Fuera, la oscuridad trae ruidos de neumáticos solitarios y ladridos lejanos.

Hago zapping y voy caminando entre teletiendas y casinos on-line. Pero, sobre todo, hay médiums, adivinos, gentes que hablan con el más allá, que nos traen palabras de nuestros ausentes en naipes o vísceras de murciélago. Me aburren, me repugnan, me enfado con tanto charlatán. Pero ¿sabes? Daría mi vida por equivocarme y que sus bolas de vidrio y sus poderes paranormales me hicieran saber de ti. Si algún vidente quiere intentarlo, le dejo mi teléfono.

  • El arcano de La Muerte pertenece astrológicamente a Escorpio. Sus planetas son Marte y Saturno, y la letra hebrea que le corresponde es Mem. Esta carta tan intrigante representa el renacimiento, el principio renovador, la transformación y la intuición, aunque también simboliza, por supuesto, la muerte.
Poema Siete frondoso La quietud del río hiedra

La quietud del río

El estío a la ribera del río era siempre plácido, lánguido, cansino con mucha mosca y muy poca agua en el cauce. Aburrido para los chicos. Los mayores al menos leían libros o escuchaban el pequeño transistor, incluso dormían largas siestas. Nosotros nos cansábamos de aguantar el sol – las cremas protectoras eran para los ricos- y ver correr la misma agua delante de nuestros ojos. Éramos expertos en hacer saltar las piedras planas sobre la superficie del arroyo para que alcanzaran, y a poder ser dieran en la pantorrilla de Joaquín, la otra orilla y que, con suerte, se montara una trifulca y hubiese un par de buenas carreras por entre los abedules verdes y altos. Un año me llevé una guitarra con el firme propósito de convertirme en un cantante de los que escuchábamos en La hora del éxito. No aprendí mucho pero hizo un buen servicio como silla (las piedras recalentadas hacían sufrir mucho las posaderas) y como espada cuando atacaban mis primos y otros amigos. Unos años después, dejamos de ir al río. Nos llamaban las discotecas y la playa con chicas bonitas. Nunca más declaramos la guerra a la cuadrilla de Joaquín que pasó de ser un pirata de puños ligeros a ser cajero en un multicine. ¿Dónde estará aquella guitarra? No recuerdo que jamás la tirara. Debe estar en algún lugar, en el ático o en algún garaje. Me gustaría encontrarla. Me encantaría hallar la quietud del río.

Poema Cinco frondoso hiedra

Traerte a la memoria

Cada mañana recuerdo la piel caliente de tu ternura.
Te extraño en todo.
Añoro todo lo tuyo.
Añoro el despertar viéndote, ahora que ya no puedo verte,
aunque siga viéndote cada día...

…tan nítidos son aún los recuerdos.

Cada mañana tengo miedo de que un día tu imagen se me haya borrado,
que no recuerde tu voz y tus ojos entreabiertos de madrugada,
que las sábanas se hayan enfriado para siempre.

Y, entonces, juramento que eso jamás ocurrirá.
Porque ni busco ni quiero consuelo. No, no lo quiero.

Por el contrario,
me esfuerzo en traerte nuevamente a la memoria con cada sol
y redibujar en el aire vacío tu rostro con mi dedo,
como si la muerte jamás hubiera venido a buscarte.

Poema Uno frondoso hiedra

Si no recuerdas lo que fuimos

Si algún día pasas por aquí, a tus cosas, puede que del brazo de alguien, quizá la curiosidad te haga tomar esta nota entre tus manos, las mismas que me acariciaron muchas noches, las mismas que besé tantas veces.

Verás que no describo las olas que rompían en la dársena el día de tu cumpleaños, ni el amanecer que asomaba tras la ventana del hotel mientras te fumabas un cigarrillo. Verás que no gimoteo por tu ausencia.

Si el corazón no se te arruga al recordar lo que fuimos, no merece la pena que escriba nada.

Si es así, rompe esta nota.

 

Poema Quince frondoso hiedra

Cartas

El viento caprichoso de febrero me duele en lo más hondo de mi ser. Es el mismo que acunaba los cipreses aquel día, cuando te escribí mi última carta. Luego, no ha habido más qué escribir. El viento de tu ausencia arrastra las páginas aún antes de escribirlas, sin consuelo, sin esperanza. Ya no hay correspondencia. Las cartas han volado con la tramontana. Me siento junto a tu lugar. Está frío pero el viento sigue soplando y espero, ¿qué puedo hacer, si no? a que traiga tu voz o un mensaje que hayas escrito allá donde estés.

tronco

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tronco

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