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26 de octubre de 1578



He caminado todo el día tras Atzari y Yunuen, siempre hacia el norte. Vamos a buen paso. Ellos están deseando alejarse de las montañas y llegar a los ríos, y yo estoy deseando de arribar a la costa y buscar pasaje para España.

En un alto, al mediodía, he escrito todo lo que escuché en la mina. No fue sencillo poder acercarme a los Berrozar y a Joop, porque ahora sé que ese hombre, holandés y deseoso de vengar la invasión de su país por los Tercios, se llama Joop y no Yop.

¡Todo me parece tan claro ahora!

Sólo tengo que lograr sobrevivir hasta llegar a Madrid. Confío en que Berrozar y el gobernador me crean muerto, devorado por los yaguaretés. No pueden sospechar que he sobrevivido en la selva, no podrán imaginar que estos ángeles de mi guarda, estos indios amigos, me han devuelto una vida que ya había perdido. Seguirán con sus negocios, con sus conspiraciones, con sus corruptelas. Que los disfruten mientras puedan porque he jurado que volveré con la justicia. Lo he jurado por mí, por Atziri, por Yunuen, por los esclavos, por los ideales de Abásolo, por mí mismo.

Lo he jurado y lo haré.