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23 de septiembre de 1578



Dormiremos hoy en Agualteca. Es un poblado pequeño y no he visto español ninguno. Las casas se asientan sobre una inclinada ladera que acaba en un bosque de encinos.

Continúo dándole vueltas en la cabeza sobre cómo debo presentarme a los Berrozar. Lo mejor será mostrarse apocado, hablar poco con ellos y conversar con los demás cuando ellos no estén cerca. He revisado mi zurrón con mi instrumental. Al cabo, es sólo esto lo que voy a necesitar cuando esté en la mina, asumiendo que al menos me darán de comer y beber.