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12 de octubre de 1578, al atardecer



Tras subir la sierra hemos descendido con cuidado. El terreno estaba encharcado y las cabalgaduras resbalaban en ocasiones. Pero hemos llegado a Gracias sin contratiempo y mis huesos han agradecido la cama.

La verdad es que admiro a doña Asunción. Ha sido más brava y fuerte que el resto de todos nosotros y, de no ser por ella, Poncho hubiera estado tentado de montar un campamento y dormir en medio de la nada.