cabecera


5 de octubre de 1578



Hoy he iniciado mi falaz trabajo y durante unas horas he tomado medidas de posibles vetas, catándolas, examinado piedras y recovecos, entrado en las minas y sacado muestras de plata para poder hacer la teórica labor que el Rey me ha encomendado que no es sino auditar la calidad del material. Me he sentido observado durante toda la jornada y, en algunos momentos, disimuladamente, me han impedido entrar a ciertas galerías alegando motivos de seguridad. He agradecido, con sonrisa igual de falsa, la preocupación por mi persona pero estoy convencido de que es ahí justamente, en esas galerías, donde se extrae la mejor plata y donde laboran más indios. No soy tan ingenuo como para creer que se preocupan por mi salud. No me resultaría extraño que la broza fuese compacta y dura de excavar en esas galerías y que los pobres braceros que trabajen en ellas queden extenuados de cansancio.

La plata a la que he tenido acceso es de calidad media, de ley suficiente para fundir monedas pero un tanto basta para realizar joyas. Quiero pensar que al gobierno, esto le resulta indiferente porque su necesidad es pagar a los ejércitos de Flandes y de Italia, no regalar más aderezos a la de Éboli, por mucho que esta sea – según dicen- una auténtica afrodita bajo las sábanas.

He podido comprobar que, al menos hasta donde he podido revisar, los sacos y cajas del almacén contienen mercurio. No hay inscripción ni ninguna indicación que las feche o remita a su origen, ni en qué nao han llegado hasta Honduras. He hecho unos números rápidos y la producción que Ramírez me dijo no concuerda con el mercurio que aquí se está usando.

Por la tarde, he charlado con Berrozar que se ha mostrado abierto. Se ha quejado de lo mal que le van los negocios, de cuánto esfuerzo realiza para sacar adelante la encomienda y a su familia, de lo poco que renta el asunto y de que permanece en América para servir a Castilla. Luego, tras la cena, escribiré lo que recuerdo de la conversación y lo que intuyo de su carácter.

En cualquier caso, las aseveraciones de Berrozar me han hecho reafirmarme en que algo no cuadra. El encomendero está también diciéndome que producen poco, exactamente lo mismo que García Ramírez me afirmó. ¿Para qué, entonces, todo ese mercurio?